Más Allá de la Pantalla: El impacto médico de las redes sociales en nuestra nutrición

Más Allá de la Pantalla: El impacto médico de las redes sociales en nuestra nutrición

Llevando la medicina a las aulas

Como estudiantes de medicina, nuestra responsabilidad no termina en los libros, debemos llevar la salud a la comunidad. Recientemente, tras dos días de capacitación clínica con especialistas en nutrición, bariatría y psicología, tuvimos la oportunidad de visitar a los alumnos de la preparatoria COBAES 95 en Mazatlán.

Nuestra misión con la plática «Más allá de la pantalla» (parte de la campaña Come sin Obsesión) fue desmentir los mitos de internet y explicar, desde la ciencia, cómo lo que comemos y lo que vemos en redes sociales transforma físicamente nuestro cuerpo y nuestra mente.

Redefiniendo la palabra «Dieta»

Existe un error generalizado al creer que la «dieta» significa restricción extrema o comer únicamente ensaladas. Médicamente, la dieta es la suma de todo lo que ingerimos en un periodo de 24 horas.

El problema surge cuando la alimentación se asocia con culpa, desencadenando trastornos como los atracones compulsivos. Cuando nos sometemos a restricciones severas (motivadas por modas pasajeras), el cerebro entra en un estado de alerta y altera las señales de saciedad y hambre reguladas por hormonas como la leptina y la grelina. Comer debe basarse en el equilibrio de macronutrientes avalado por la OMS, El Plato del Bien Comer y la Jarra del Buen Beber, no en el castigo.

Del Plato al Cuerpo, el origen clínico de las enfermedades

Lo que elegimos llevar a nuestro plato tiene un impacto directo en nuestra salud. Las enfermedades crónico-degenerativas no aparecen de la noche a la mañana, surgen a lo largo de los años debido a un ambiente metabólico adverso provocado por una mala nutrición. Gracias a la ponencia de bariatría, pudimos desglosar cómo ocurre este daño.

  • Obesidad: En medicina moderna, ya no se define simplemente por el peso, sino como una enfermedad inflamatoria crónica. El exceso de tejido adiposo (grasa) actúa como un órgano endocrino que libera constantemente sustancias proinflamatorias, alterando el funcionamiento de todo el organismo.
  • Diabetes Mellitus Tipo 2: El consumo crónico de azúcares y ultraprocesados obliga al páncreas a producir insulina en exceso. Con el tiempo, las células dejan de responder a esta hormona (resistencia a la insulina) y el páncreas se agota. El azúcar se acumula en la sangre, generando un estado de hiperglucemia que daña irreversiblemente los vasos sanguíneos, los riñones y los nervios.
  • Hipertensión Arterial: Las dietas altas en sodio y bajas en nutrientes esenciales provocan retención de líquidos y pérdida de elasticidad en las arterias. Esto obliga al corazón a bombear la sangre con mucha más fuerza, lo que a la larga debilita el músculo cardíaco e incrementa drásticamente el riesgo de infartos.
  • Dislipidemia (Colesterol y Triglicéridos altos): El exceso de calorías vacías y grasas trans favorece la formación de placas de ateroma, las cuales obstruyen gradualmente el flujo sanguíneo en nuestras arterias.

Básicamente forzamos a órganos vitales como el páncreas, el hígado y el corazón a trabajar de manera forzada para procesar excesos que no se pueden utilizar como energía útil. Aprender a comer no es un tema de estética, es una estrategia vital para prevenir el fallo de nuestros órganos a futuro.

La real problemática del 2026

La parte más crítica de nuestra intervención con los jóvenes de 15 a 18 años fue abordar la complejidad de la realidad digital actual, en este 2026 estamos frente a una epidemia que va mucho más allá de la tendencia a la delgadez extrema. La presión mediática actual abarca una gama muy amplia de estándares inalcanzables: desde la hipermusculación y figuras de reloj de arena exageradas, hasta rostros «perfectos» estandarizados por la tecnología.

Los adolescentes están expuestos a algoritmos que bombardean imágenes no solo editadas con filtros de Inteligencia Artificial, sino también cuerpos que son resultado de procedimientos estéticos invasivos y cirugías quirúrgicas (liposucciones, rellenos, etc.) que se presentan en redes como logros «naturales» de dieta y ejercicio. Desde un punto de vista médico y neuropsicológico, el consumo constante de esta información falsa fomenta la distorsión de la imagen corporal (dismorfia) y dispara los niveles de cortisol (hormona del estrés), generando ansiedad crónica.

Es fundamental que los jóvenes entiendan que gran parte de lo que ven está alterado. Forzar al cuerpo a encajar en estos moldes artificiales, ya sea mediante nutrición deficiente, sobreentrenamiento o intervenciones quirúrgicas a edades tempranas, provoca daños severos: desde desnutrición y pérdida de masa ósea, hasta alteraciones hormonales graves y riesgos quirúrgicos innecesarios. Cuidar la salud mental es el primer paso para proteger la salud física.

Conclusión: Comer sin obsesión

A través de la campaña Come sin Obsesión, buscamos empoderar a los pacientes, especialmente a los más jóvenes para que tomen el control de su salud basándose en ciencia real y no en los «likes» de una pantalla. Nutrir el cuerpo es un acto de autocuidado, respecto y medicina preventiva.

Por: Joana Reyes Campaña: Come sin Obsesión | Comité Permanente de Salud Pública

Colaboradores: Briana Beraud, Román García, Alan Moreno, Rios Alejandra

Este artículo refleja experiencias de educación en salud pública y tiene fines estrictamente informativos. Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y las enfermedades metabólicas son afecciones médicas serias. Si tú o alguien que conoces está lidiando con obsesión por la comida, imagen corporal distorsionada, presión por procedimientos estéticos o problemas nutricionales, es vital buscar el apoyo de un equipo multidisciplinario (médico, nutriólogo y psicólogo). No estás solo/a, y pedir ayuda es el primer paso para sanar.

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